sábado, 13 de marzo de 2010

Cómo Newton arregló la estafa de recortar las monedas

Cuando Newton entró en la Casa de la Moneda de Inglaterra en 1696 con 53 años, las estafas y falsificaciones con el dinero eran incontables. Desde creación de moldes falsos, utilización de aleaciones de dudosa calidad (de aquí es donde viene el conocido gesto de morder la moneda, ya que antes las falsas se doblaban)  hasta el popular proceso de recortar las monedas. Ya que las monedas eran normalmente de plata, con un gran valor aparte del que representaba además de no poseer un grabado avanzado que permitiese identificar cuál era recortada, era costumbre ir abrasándolas con químicos o limarlos. De hecho, las monedas acaban siendo tan pequeñas tras numerosos dueños que las iban mermando, que al final se terminaba determinando su valor por su peso y no por el número que venía expresado. También podían ser rotas con un pequeño golpe ya que su estructura y microestructura era frágil.

Sin embargo Newton, que aparte de sus grandes contribuciones abstractas y filosóficas también le gustaba resolver pequeños problemas, ideó una fácil solución que resolvería los dos problemas, tanto su fragilidad como el recorte. Junto al nuevo proceso de mecanizado entre rodillos, que hacía ser mucho más eficiente, añadió avanzados grabados, aumentó el final del borde con un poco de altura y colocó inscripciones en los bordes, haciendo a las monedas resistentes y difícilmente replicables. Para instaurar el orden promulgó una ley de cambio de monedas antiguas por nuevas en función a su peso y también leyes anti-falsificación que hizo cumplir con sangre, incluso fue famoso el caso de William Chaloner, un gran y rico falsificador al que Newton hizo arrestar, colgar del cuello y antes de morir, arrancar sus entrañas y quemarlas delante del sujeto, todavía vivo. Menudo carácter.

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